i-Diot

Uno muere, millones lloran. / Millones mueren, nadie llora.

y ...además de este pedazo de imagen os dejo un fragmento de este post que enlazaba hace unas semanas Víctor en su blog, donde lo tiene traducido al castellano. No tiene desperdicio, os recomiendo su lectura (tampoco es mucho más largo!)

Don’t rush out to order it. Here’s why: you don’t need it.

Yesterday, without the new iPhone, your life was good. Some of you were happy and content and were actually able to do your work and get on with your life without the new iPhone.

Five years ago, the iPhone didn’t exist. It wasn’t a need in your life. You were able to live perfectly without it. And now that it does exist, all of that is true.

Don’t give in. Fight the marketing, by noticing and letting go of the urges that marketing creates in us. Find contentment without products. You’re better than that.

ERES MEJOR QUE ESO.
Feliz semana ;-)))))))))))

6 comentarios. ¡Deja el tuyo! ;D:

Dialogotomía ha dicho...

Lo obtuve del blog de Leo Batauta "Zen Habits". Muy instructivo.
¿Dónde poner el límite? Alguien podría decir que yo tampoco necesito el ordenador que tengo, ni el equipo de música, ni la batidora de zumo...
Cierto, tenemos muchas cosas que nos han ido atando en algunos aspectos y en otros nos han dado libertad.
La cuestión radica en saber ponerse límites al tener por tener. Si ya tengo un teléfono que sirve para comunicarme con otros y mandar mensajes, ¿para qué otro nuevo? ¿Tener por tener? ¿Tener por cubrir un vacío, por generar una nueva ilusión que se desvanece a los segundos de haber colmado el deseo?
Hay que buscar nuevas formas de llenar ese vacío. Quizás una de ellas sea aceptarlo. El vacío, creo, es un estado que pide a gritos llenarse y lo podemos llenar con muchas otras cosas que no sea consumiendo vorazmente.

Gracias, Pablo.

Pablo ha dicho...

Gracias a ti por esas locuras dialécticas que dejas caer por aquí.

Efectivamente el problema aquí es poner el límite, porque no existe un punto de inflexión universal que nos diga dónde deja la necesidad de serlo y se convierte en vicio, una palabra, creo, muy cartesiana...

Dialogotomía ha dicho...

Efectivamente, cuando somos niños son nuestros padres los que nos ponen límites (hoy cada vez menos y así va todo), pero cuando somos adultos, ¿quién nos pone límites? ¿La suegra?, ¿nuestra pareja?
Dificilmente en una relación de igual a igual se pueden poner límites. Se supone que somos los suficientemente sensatos y mayorcitos para hacerlo por nosotros mismos.
Algunos, tristemente, siguen necesitando a Dios o a la Guardia Civil para que les ponga los límites.

Como decía, hay miedo al vacío, y la necesidad de cubrirlo rápida y ansiosamente, sin meditar, es lo que nos lleva a tirar por la calle de enmedio.

Hay que vivir con los sentidos despiertos, que para algo los tenemos.

;)

Dialogotomía ha dicho...

"One dies, one million cry"

Lo que te digo...muchos siguen necesitando dioses que les digan qué hay que hacer, cómo hay que hacerlo y cuándo hay que hacerlo.

Anónimo ha dicho...

Creo que todo es debido a una falta de personalidad y para llenar el tremendo vacío que muchos tenemos.Comprar por que sí no nos va ha hacer la vida más llevadera, al contrario, nos invadirá más tristeza por no conseguir nuestro propósito. ¿Porqué no pararnos a pensar que tenemos un "interior" que sí podemos llenar de cosas sin tener que comprarlas? ¿Y porqué no mirar VIENDO que a nuestro alrededor somos ricos en maravillas naturales y gratuitas?
Domi lalunagatuna

Pablo ha dicho...

La naturaleza es brutal, pero a la vez delicadísima. Nos da lo mismo. Como bien decís corremos a llenar un vacío infinito a base de rellenos artificiales, costosos, superfluos. No recapacitamos, no somos consciente de que cada uno de nosotros tenemos unos valores que palpar y transmitir, que somos únicos en nuestra biología y en nuestra mente. Ni nos damos cuenta...

Gracias por los comentarios :)

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